En República Dominicana los partidos políticos, con su forma de dirección unipersonal han producido el divorcio de las ideas y objetivos que le dieron origen con el sentir de las masas.
Ellos se han convertido en modelo de la dictadura contemporánea, aún en tiempos de democracia. Pienso que es preferible cambiarle a esas organizaciones los nombres por el del presidente del partido y los símbolos por el cuerno de la abundancia, pues allí radica el melao del negocio de estas agrupaciones.
Al Príncipe, su corte le da poderes tan amplios como en derecho fuese necesario para negociar, pactar, tranzar, hipotecar, en fin, para otorgar recibos de descargos y finiquito legal. En cuanto al adefesio llamado reserva de candidaturas, legitimado por la JCE, es ahí donde la prepotencia y el irrespeto hacen gala. A través de esta modalidad el presidente del partido, en el mejor de los casos, nomina a quien desee a una candidatura.
El requisito principal: Jurar fidelidad hasta la muerte al líder, al mesías del siglo XXI. Este déficit de democracia está haciendo que la mayoría de estos escogidos o agraciados a estas posiciones no tengan las condiciones ni para ser alcaldes pedáneos.
A través de esta odiosa práctica el liderazgo ganado con esfuerzo, dedicación y perseverancia se ve relegado y marginado, provocando frustración en las bases de los partidos. Este hecho está produciendo lo que conocemos como transfuguismo; el propio presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, califica a quienes incurren en esta práctica como oportunistas que rebajan la clase política dominicana.
Pero yo reflexiono: ¿Se rebajan los que en su pleno derecho son impedidos de elegir y ser elegidos o aquellos a los que aprovechando liderazgo máximo de su organización conculcan sus derechos?
El problema es más profundo de lo que aparenta, ya que no se trata de dirigentes que después de perder unas primarias internas se van de su organización, de lo que se trata es –en la mayoría de los casos– de partidos en los cuales no se han celebrado primarias y cuyas direcciones han utilizado métodos sutiles de conocimiento de la realidad política: las “encuestas”, por lo general, mandadas a hacer en talleres de alta costura –y siempre beneficiando al candidato servil al líder del partido- cuyo traje siempre le entalla muy bien.
Esta desafección social predominante en la cultura rentista de la política y el Poder ha producido, más que transfugismo, una escisión o cisma en la materia fundamental de la democracia de los pueblos: los partidos políticos.
José Marte Piantini es abogado, pastor evangélico y comunicador
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