La palabra amigo es demasiado severa y exigente como para aplicarla corrientemente a cualquier conocido ocasional. Solo es válidamente aplicable a una persona con la que se han compartido afectos verdaderos que sobrepasan el tiempo, las circunstancias y las frecuentes vicisitudes de la vida. Por eso, cuando un amigo verdadero se va un gran vacío se apodera de nosotros.
Es el dolor y la nostalgia, producto de la separación de una persona con la que se han tenido provechosas y solidarias experiencias en relaciones y trabajo.
Cuando una persona muere, su partida no solo produce un estremecimiento emocional en el círculo de sus amigos, sino también en todos cuantos lo conocieron, si en su vida cotidiana y su interrelación con los demás se dio a querer, como solían referirse nuestras tías a la gente noble y afable en su trato personal.
Todas estas cualidades y otras muchas, como su incansable capacidad de trabajo, las tenía en demasía el periodista y amigo Danilo Domínguez, quien ha dejado un gran vacío entre sus colegas y amigos, además de una legión de relacionados en diferentes círculos de la sociedad dominicana. Su vida laboral fue tan dilatada como diversa, ya que fue cronista y narrador deportivo. Recordemos aquella expresión que se contagió tan rápido en los inicios de las transmisiones del béisbol invernal por Teleantillas junto a Tuto Mota, quien hacía los comentarios: “Le tiró y le tiró con fuerza”.
Además, fue un reportero nato e inquieto que buscaba la noticia hasta en el centro de la ballena, como suele decirse de aquellos buenos sabuesos del periodismo, que vencen dificultades de cualquier género y que no ponen obstáculos cuando tienen la misión de lograr determinados objetivos.
Como trabajador que nunca expresa cansancio ni transmitía desánimo, será siempre recordado en todos los lugares donde laboró, entre los que figuraron ganaderos, empresarios y productores de televisión como el autor de este comentario.
En la funeraria Blandino, mientras estaba al lado de mi amigo Tito Campusano y rememoraba la época en que laborábamos en una guagüita anunciadora, oí al periodista Manuel A. Quiroz narrar para un canal de televisión, las impresiones acerca de este infatigable luchador que supo darse a sus hijos, su esposa y toda su familia. Durante las honras fúnebres y en el cementerio, agentes de AMET no estaban allí cumpliendo solo una asignación. Despedían al amigo que con su trato les ayudó a comprender mejor las bondades de la existencia humana.
Rafael Corporán de los Santos es productor de televisión
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