Tirarse al mar, en medio de una tragedia para salvar vidas, es un buen ejemplo. Dejar su motor, o mejor dicho, su único medio de transportarse y de buscarse el sustento suyo y su familia en las orillas marinas para tratar de rescatar personas del accidente aquel, en la avenida de las Américas es una demostración de que somos más los hacedores del bien en una sociedad que cada día parece sucumbir ante el caos y el desorden en que nos sumerge la impotencia y el miedo.
EL OTRO EJEMPLO
Pero hay otro ejemplo, que no debemos dejarlo pasar por alto. Es el que nos mostró a un desgraciado que aprovechó aquella ocasión para robarle el motor al que podría calificarse de héroe, porque en lugar de acudir a desvalijar, a rematar para robar y a saquear cadáveres o heridos en un accidente, decidió olvidarse de su motocicleta y lanzarse a las aguas del mar Caribe impulsado por el amor hacia sus semejantes.
DEGRADACIÓN
La degradación moral y humana ha llegado a ciertos niveles en esta sociedad, que ya parece no es noticia que al ocurrir algún accidente en una avenida o carretera cualquiera, aparezcan paisanos o lugareños que corran, en masa, no a tratar de salvar a los infortunados, sino a recoger, como un botín, las pertenencias ajenas, aún estén manchadas de sangre de quienes a veces ven, desvalidos, cómo sus semejantes en lugar de rescatarlos o ayudarlos, roban, saquean y se muestran peores que las bestias de cualquier selva.
EL FRENO
Esa amarga realidad, como pesadilla, debemos cortarla de raíz. Y esa no es una responsabilidad solo de las autoridades, no, es de todos. De todos los sectores que tenemos claro que en nuestras acciones y ejemplos se encuentra el germen de la sociedad a la que aspira todo pueblo vanguardista, progresista y esperanzado en un mejor porvenir, sobre la base de la educación, la denuncia, el ejemplo práctico y sincero, a los fines de que la generación que nos sigue, no encuentre una sociedad marchita por las barbaridades que a diario las acogemos como normales y hasta “comprensibles”.
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