Las historias a las que nos referiremos en este escrito son extraídas de una novela magistralmente contada por el escritor y ex narcotraficante colombiano Andrés López, pero tristemente, están basadas en la vida real.
A mediados de la década de los ochenta, en comunidades apartadas de Colombia, surgió una clase de hombres que gracias al crimen organizado y al tráfico de grandes toneladas de todo tipo de drogas fueron acumulando grandes fortunas.
Esto les permitió comprar autoridades, jueces y policías, pero sobre todo, lograban comprar el placer sexual de niñas, adolescentes y todo tipo de mujeres, especialmente de muy bajo nivel económico.
Estas mujeres, a quienes luego de una gran inversión en atuendos, joyas, carros, viajes entre otros privilegios, las convirtieron en lo que luego se conoció como “Las fantásticas”.
Las que merecían este mote no eran otra cosa que las damas de compañía de los narcotraficantes del valle del Cauca, mejor conocido como el “Cartel de los sapos”, que adquirió un poder inesperado luego de la muerte de Pablo Escobar en la década de los noventa.
Estas jóvenes hermosas no sólo disfrutaban de lujos, sino que recibían de los “narcos” cuantiosos recursos para realizarse cirugías estéticas y cuidados para hacerse más bellas y ostentosas para satisfacer la lujuria y el morbo de estos señores, privilegios que derrochaban hasta que otra más joven y atractiva aparecía en la vida de uno de estos personajes de la mafia colombiana.
Es increíble la similitud con nuestra realidad.
En Colombia estaban “Las fantásticas”, en nuestro patio “Las champañeras”, alias con el que identificaban a las hermosas y distinguidas damas que derrochaban sin el más mínimo pudor el dinero del narcotráfico en clubes, restaurantes y discotecas famosas de la capital y de todo el país.
Las champañeras de Agosto gozaban de lujos, joyas, departamentos, carros y todo tipo de beneficios que trae consigo ser la dama de compañía de un “narco”, hasta el punto que en las fiestas debían estar con ellos y sus amigos, donde lo único que faltaba eran vergüenza, pudor y decoro.
¿Cuántas personas sabiéndolo o no compartieron con estas damas?
¿Cuántas champañeras o fantásticas hay por ahí? ¿Cuántos militares están envueltos en éste y otros casos que no se han descubierto?
¿Cuántos Agosto faltan por descubrir? Y por último ¿cuándo serán dados a conocer? ¿Por qué falta la acción de la justicia? Todos sabemos que no están todos los que son, ni son todos los que están.
Pedro Jiménez Valenzuela es abogado, comunicador y relacionista público
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