La escritora Aída Trujillo Ricart, quien fuera nieta del dictador Rafael Leonidas Trujillo, salió al frente a conceptos emitidos sobre su persona y una de sus obras por el escritor Pedro Conde Sturla en su más reciente entrega para El Caribe.
A continuación, la carta que enviara Trujillo Ricart al director de El Caribe, Manuel A. Quiroz:
Estimado Sr. Quiroz:
Con todo respeto, me dirijo a usted con referencia a un artículo publicado en su periódico, el pasado día 6 de este mes, escrito por D. Pedro Conde Sturla.
Comprendo a la perfección la contrariedad de este señor por la forma en que describe que fue tratado por la Editorial Norma. Y también que está en su derecho a protestar y reclamarles públicamente.
Pero opino que eso es algo que no me incumbe ni a mí, ni a otros escritores que han sido “mejor tratados”, según lo que él afirma, por esa empresa.
No me parece correcto que utilice los nombres de otras personas que nada tienen que ver con el comportamiento de dicha editorial. Este es mi caso.
Por ello, decido responder a su columna. Sé que el señor Conde Sturla es un reconocido crítico y escritor y no quisiera que su escrito diese lugar a confusiones con respecto a mi persona.
Este señor menciona tres obras literarias publicadas, hace relativamente poco, por Norma y las califica como “bodrio” (Ángel Lockward), “horrible” (la mía) y “mamotreto” (alguien que, según él no merece ni ser mencionado).
A cada cual su opinión. Sin embargo, hay algo que llama mucho mi atención y ha despertado mi curiosidad. Y esto es un párrafo en donde el señor Conde Sturla afirma (sic) “Por esa razón pensé que mi libro podía tener alguna posibilidad de aceptación a pesar del carácter anticlerical e irreverente de algunos de los relatos”.
Y me pregunto si este insigne crítico y escritor se refiere a que, ya que Norma publicó escritos de tan “mala calidad”, tendría que verse obligada a publicar el de él. Si su libro es excelente, algo que no pongo en duda por su trayectoria profesional… ¿por qué recurrió a una editorial que publica esa “basura”, según su opinión?
Creo que cuando este señor se refiere a mí como “esa” Aída Trujillo, olvidó insertar un vocablo. Por lo menos eso es lo que quiero creer. Una persona de su educación y categoría cultural ha omitido una palabra.
Hasta puede ser un error del teclado de su computadora. Esa palabra es “señora”. Es decir, estoy segura de que eso es lo que él quiso decir, “Esa señora, Aída Trujillo…”.
El señor Conde Sturla no me conoce, ni tiene idea de cómo ha sido y es mi vida, ni mi trayectoria. Y estoy casi segura de que ni siquiera se ha molestado en leer mi “horrible” novela.
Quisiera rogarle, señor Quiroz, que me excuse ante él si me equivoco. Pero, los párrafos que eligió para publicar en su artículo, vienen reflejados en la contraportada del libro. Sin haber leído lo precedente, o lo posterior, esos párrafos son frases sueltas, sin contexto.
Si hubiese leído el texto completo vería que tienen un sentido que no es además, en absoluto, “trujillista”.
En ellos no “confieso” nada, puesto que se trata de una novela, repito. Por lo tanto no entiendo porqué tendría que “ruborizarme” por mi imaginación y mucho menos “sentir temor”. ¿O debería sentirme atemorizada por algo? ¿No estamos luchando por la libertad de expresión?
Y, volviendo a lo “horrible” que, según el señor Conde Sturla, es mi novela, quisiera recordarle algo que parece que él no tiene en cuenta.
Le guste o no, gané, con mi esfuerzo personal y sin ningún tipo de ayuda extra oficial, el Premio Nacional de Novela de nuestro querido país. Sí, a pesar de todo, a pesar de los que quisieron oponerse a ello, ¡lo gané!
La Secretaría de Cultura de la República Dominicana fue ecuánime y justa. El secretario de ese Ministerio, señor Lantigua, a quien no tengo el placer de conocer personalmente, se mantuvo en su sitio con dignidad y honor. A pesar de que fue presionado y amenazado y que hubo gente que incluso llegó a pedir su dimisión.
Pero él mantuvo su postura, señor, porque un jurado, libre y sin coacciones, decidió que mi libro era el que merecía el galardón. ¡Eso es democracia!
Ese jurado estuvo compuesto por tres personajes serios, maravillosos y profesionales del mundo literario. Nuestro compatriota Roberto Marcallé Abreu, el salvadoreño Manlio Argueta y el mexicano Jorge Volpi, recientemente ganador del Premio José Donoso.
A estos estupendos escritores parece ser que mi novela no les pareció tan “horrible” como al señor Conde Sturla. Pero, evidentemente, ellos la leyeron.
Aunque este señor afirma, en su artículo, que “esta denuncia no obedece a motivos de carácter estrictamente personales”, le ruego también que le pida disculpas de mi parte si pongo en duda su declaración.
A pesar de que su acusación está dirigida, supuestamente, a una editorial, se ensaña con mi persona y con mi obra. Hasta publica una foto mía y otra también de parte de mi familia.
Se declara demócrata pero me está tachando de ser “la hija de un asesino”. No me juzga como escritora (puesto que no se ha molestado en leer lo que escribí) ni como persona puesto que, como anteriormente he mencionado, no tenemos el gusto, o el disgusto, de conocernos.
Sólo le interesa mi apellido paterno. El materno, y lo que eso conlleva, ni lo menciona porque desconoce quién fue mi abuelo por parte de madre.
Le aseguro que no pertenezco a ningún tipo de “clase dirigente”. Ni siquiera tengo, en mi propio país, la misma libertad de expresión que he tenido en España. Cualquier cosa que yo exprese aquí será juzgada del mismo modo que lo está haciendo el insigne crítico: “Hija de…” “Nieta de…”
Ante todo y sobre todo, soy una persona que, anteponiendo incluso el amor familiar, ha sabido abrir los ojos. No exenta de mucho dolor, algo muy natural. No soy una desnaturalizada.
Y, si pudiese, denunciaría muchas cosas, al igual que he hecho en España durante muchos años, y que, a través de asociaciones, sigo haciendo. Eso quizás, al señor Conde Sturla, le resulte más fácil, en nuestro país, que a mí.
Agradezco enormemente su atención y su tiempo, señor Quiroz, y le mando un cordial saludo.
Aída Trujillo Ricart es escritora
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