La afirmación literal del ministro de Hacienda, Vicente Bengoa, sobre que los empresarios dominicanos “llevarían a la Refinería a la quiebra y se quedarían con el negocio” es desconsiderada, pero decir que dejarla en manos de inversionistas criollos sería como poner a la Iglesia en manos de Lutero, es un desliz que, en el fondo, delata una cierta animadversión y controversia, pues precisamente lo que hizo el teólogo protestante fue denunciar la avaricia y el abuso.
Lejos de la apostasía, con el respeto que le profeso al señor Bengoa y a la Iglesia, es mejor optar por una sugerencia desinteresada como aporte para la discusión.
En general, los empresarios disentimos de toda iniciativa que lleve a vender el 49% de las acciones de Refidomsa en el extranjero, entre otras razones, porque ésa sólo debería ser una alternativa en el caso de que no se encontraran inversionistas dominicanos.
El Gobierno parece querer convertir el plan B en el A, renegando del propio potencial que tenemos como país y afirmando abiertamente ante la nación que nosotros mismos no somos de fiar.
Triste titular de prensa, al que más de un lector extranjero reaccionaría levantando sus cejas en señal de asombro.
Con el fin de no provocar recelos y tratar de evitar una venta impropia de la Refinería, sería conveniente contemplar una solución nacional y racional para esta operación.
Los temores y prejuicios levantados por el ministro Bengoa de que “un grupito” de empresarios, al parecer voraces depredadores de antemano, dispongan de una parte en minoría de las acciones de la refinería, podrían ser aplacados si elevamos el número de socios posibles, y yendo más allá, si los “popularizamos”.
Quisiera desde estas líneas apoyar la idea de repartir los US$131.5 millones necesarios para la compra de “la mitad menos uno” de la refinería en paquetes accionariales reducidos, de forma que un titular o grupo económico sólo pudiera hacerse con el 5% de las acciones.
El objetivo no es otro que mantener a Refidomsa como un patrimonio industrial íntegramente dominicano, protegido de desconfiables usos y dedicado preferencialmente a prestar un servicio público, sin perjuicio de que los inversionistas obtengan su justo beneficio.
El espíritu de esta propuesta es más estatal que privado, sin embargo, cuando habláramos del tipo de gestión, es cuando tendríamos que dirimir entre una dirección profesionalizada o una funcionarial, sabiendo que son difícilmente compatibles.
La primera se rige más por principios de eficiencia y la segunda por requerimientos de servicio, aunque éste provoque déficit. Examinando la situación de crisis actual y para orientarnos bien estructuralmente, no debería dudarse que la gestión de la refinería ha de ser privada. Refidomsa no tiene que responder a intereses de ninguna clase que no sean los dominicanos.
Félix M. García C. es empresario
Comentarios (10)
Así como apoyamos que participe en las empresas publicas, también creemos que deben ser mas agresivos en nuevas inversiones.
Una política de reducción de impuestos para aquellos que hagan nuevas inversiones es aconsejable en estos momentos.
Debe crearse todo un movimiento tendente a que el empresariado dominicano participe de las acciones de todas las empresas del estado, y crear políticas que eliminen todos los monopolios.
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