La oportunidad de éste país, que ha vivido durante un gran tramo de su historia sumergido en la pobreza, es ahora.
Luego de la pérdida de tantas vidas humanas, de una destrucción catastrófica es que el mundo “se da cuenta” que Haití necesita ayuda.
Llegó el tiempo de que nos analicemos, primero como dominicanos, que teniendo a este país al lado, lleno de cultura, que da diversidad a la isla, de gente con una sonrisa esplendida, muchos damos la espalda, los consideramos “brujos” que practican voudú, criticamos su olor al que calificamos de pestilente, tachamos su fisonomía, su pelo y nos reímos de su forma de hablar.
Tras décadas burlándonos y sintiéndonos superiores a ellos, contadas veces la sociedad dominicana miró a éste país como el segundo socio comercial o el principal productor de recursos humanos para mano de obra en el país.
Históricamente fueron pocas las voces que se escucharon para promover la hermandad entre Haití y República Dominicana.
¿Por qué esperar ésta catástrofe para mirar hacia Haití? El mundo, las grandes potencias, los organismos internacionales, todos sabían que Haití y sus diez millones de personas tienen más de un siglo bajo la miseria, un país con una inmensidad de tierras sin cultivar, unas playas hermosas que extrañaron un inversionista que las diera a conocer.
Es tiempo para acompañar al otro en sus necesidades, de educar y actuar para que los más desposeídos logren alcanzar niveles de vida dignos, aptos de seres humanos y esperanzadores para avanzar y luchar por una vida mejor.
Debemos asumir el compromiso de actuar antes del desastre, de ser prevenidos y trabajar lo suficientemente fuerte como para encender bombillos que iluminen el camino a aquellos que se han perdido en el laberinto de la pobreza.
Es tiempo de un cambio de sistema, de un cambio social, donde prioricemos la vida y el deseo de tener más se desvanezca, porque hay muchos que ni siquiera anhelan por lo poco que tienen y durante mucho tiempo han estado sumergidos en el calvario de “comer sólo si aparece algo”.
Haití es una alerta, de que hay rincones en el mundo que necesitan, y que deben ser remozados antes de sufrir el dolor indescriptible de tener a una población mutilada, con traumas psicológicos, sin núcleos familiares, desnutrida, damnificada…
Haití necesitará, durante muchos años, del apoyo del mundo para erigir sus edificios, limpiar sus calles, arborizar su campo, fortalecer el gobierno y las instituciones, recordar la felicidad y así poder nuevamente cantar el himno y que los haitianos puedan vociferar orgullosos quienes son: soberanos haitianos que lograron recuperarse de la probable mayor catástrofe hasta ahora del siglo XXI, el terremoto del 12 de enero.
Laura Rojas es periodista
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