Mammón es una palabra de origen arábico que significa riqueza. Tanto los hebreos como los griegos la usaban con frecuencia para referirse al Divino; en la mayoría de las versiones españolas se traduce como Mamón.
En la Edad Media, Mamón fue personalizado como el demonio de la avaricia, de la riqueza y de la injusticia.
Hoy, el dios Mamón ha hecho nido en los corazones y mentes de aquellos que han pretendido llenar su vacío existencial con cosas materiales y no ofrendando sus corazones a Jesucristo.
En la búsqueda de ese placer material, esas personas tienden a soslayar hasta a los preceptos más elementales de las buenas costumbres, de lo moral, de lo ético, para dar paso a la iniquidad que es cuando disfrutamos de las inmoralidades sin que haya un verdadero estado de conciencia que contenga el desenfreno, dando pasos agigantados hacia la amoralidad.
Es ahí donde se puede llegar al punto de no retorno, los pensamientos, las fantasías, los deseos se conjugan para tomar la decisión de abrirle los brazos al pecado.
Su modo de vida será el desenfreno, el boato, la prostitución de los valores y la forma de operación será las formas más diversas y necesarias para delinquir sin importar las consecuencias, el cáncer de las inmoralidades y de la corrupción ha hecho metástasis saliendo al mundo a buscar su recompensa, sin importar el dolor el sufrimiento, y las raíces de amarguras que dejarán a sus familiares y círculos íntimos.
Lo paradójico es que esto se hace por el bien de la familia, sin pensar en que ellos serán los más afectados, cargarán con la afrenta de que su pariente es un delincuente, y -en el mejor de los casos-, si no es asesinado.
Lo peor de todo es que esta anomia social en que vivimos acepta a este tipo de personas, incluyendo los círculos de poder que –por demás- las apadrinan, engendrando el tipo penal del chantaje y complicidades, y dando paso al dicho popular de que el pastel es para todos y quien no se suma a la gula de los bienes y recursos del Estado es un tonto con p, en su forma más criolla.
A través del enriquecimiento ilícito aparece la riqueza, la arrogancia, engendrada en el laissez faire de aquellos que teniendo la autoridad para aplicar la coacción necesaria contra estos delincuentes, se convierten en cómplices, siendo aún más grave porque la sociedad los invistió del poder necesario para protegerla.
No siendo capaces de resistir la tentación, más bien esperan su oportunidad.
José Marte Piantini es abogado y pastor evangélico
Comentarios (5)
Te felicito por la pagina ¡Sigue adelante!
Te invito a visitar mi blog y dejar algun comentario
Saludos,
Alex de la Iglesia
Aunque suene duro en este mundo sin dinero y sin bienes materiales no se subsiste con Dios o sin el en el mundo actual nadie da nada a cambio de algo y sin dinero no se come, ni hay educacion, ni vivienda creo que para dar un fragmento de la delincuencia mire por su ventana o salga a la calle y vea la realidad.
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