Quise esperar unos días para sentarme a escribir sobre la terrible desgracia sucedida en Haití. Con el devenir de las noticias, imágenes, acontecimientos y ayuda internacional y nacional de las que hemos sido testigos todos, a través de los medios de comunicación presenciamos y palpamos cada día la situación en la vecina Haití.
Esta tragedia, no se limita ni le compete sólo a los haitianos, es un trágico acontecimiento internacional, donde muchos ahora están volcados en ayuda a los damnificados, cuando durante muchos y muchos años olvidaron ese pedazo de tierra.
Pero no sólo la Comunidad Internacional se olvidó de Haití sino también sus propios políticos, que por muchos años han succionado los recursos del país, haciéndose ellos más y más ricos y al mismo tiempo, convirtiendo a este país en el más pobre del hemisferio.
Políticos haitianos de usar y tirar. Una miseria que no ha hecho más que incrementarse con esta terrible desgracia, en el que costará mucho tiempo reorganizarse.
El panorama es devastador. Pero significa un gran desafío para la comunidad internacional y sus conciudadanos, aunque a decir verdad, su verdadera desgracia ha sido siempre: la política y sus actores.
Contando, lamentablemente también, con remanentes de pandillas asesinas, herederas de los terribles “tontomocoutes” de Duvalier.
Todo esto junto a una miseria sin precedentes, un país que al día de hoy sigue siendo un puente para el tráfico de estupefacientes y el crimen organizado, una sociedad árida y desesperada por empleo, recursos y sanidad. Seres humanos, donde los más privilegiados acceden al estudio, al trabajo y a poder emigrar a otras latitudes, mientras el restante 80% de su población vive por debajo y muy abajo del umbral de la pobreza extrema.
Las ayudas humanitarias internacionales no se han hecho esperar, han dicho presente desde el momento mismo de la tragedia. Por supuesto, la República Dominicana ha dado ejemplo de solidaridad y entrega en estos difíciles momentos en Haití. Aparcando a un lado sus eternas diferencias.
Pero es de esperar que muchos haitianos vengan al país en busca de una mejor vida. Lo que haría cualquier ser humano en estas situaciones.
Estas ayudas del exterior y nuestra solidaridad, como país vecino, tienen que seguir llegando para restablecer de alguna manera el orden, y la vida de miles de haitianos.
Lo lamentable de todo es que haya tenido que pasar una desgracia como esta para halar las orejas de aquellos que dirigen las organizaciones internacionales y que estos a su vez volvieran la vista atrás para acordarse de que existe un país llamado Haití, con gritos desesperados desde hace décadas clamando ayuda..!!
Dunia De Windt es periodista
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