Cuando los izquierdistas dominicanos estaban en su buena y se creían los portavoces de la verdad universal, no tenían nada pero cargaban un sueño, las organizaciones llamadas revolucionarias en los actos ponían detrás de la mesa directiva las fotos de los clásicos, como Carlos Marx, Federico Engels y Lenin.
Los que se proclamaban Marxistas Leninistas, del pensamiento de Mao Tse Tung, colgaban dentro de sus imágenes corporativas al líder de la Revolución China, camarada Mao.
Un ahora ex izquierdista, que refundó la República para pasar a lo que llamaban la derecha y que pertenecía al Partido de los Trabajadores Dominicanos, llevó a un acto del Partido Comunista del Trabajo a una de sus hijas, inocente todavía.
Estaban en el acto las fotos de Marx, Ángel, Lenin y Enver Hoxha, líder de la Revolución de Albania, que era la que seguía el PCT, que tenía como cabeza principal a Chaljub Mejía, quien ha terminado dedicado al merengue, impactado por la muerte de su cuñado ido a destiempo, Tatico Henríquez.
La niña le preguntó a su papá izquierdista, que era invitado al acto: “Papi, y dónde está el de la verruguita”, en franca referencia a Mao Tse Tung, a quien estaba acostumbrada a ver en las actividades de la organización de versión maoísta a la que pertenecía el padre.
Sin ir al diccionario, como mejor se aprende el idioma, comprendimos entonces en toda su magnitud lo que significaba el dogmatismo, enfermedad que afectó a la mayoría de los movimientos del mundo autoproclamados revolucionarios.
Cuando Leonel Fernández era presidente electo por primera vez coincidió en el tiempo con uno de los aniversarios del periódico del PLD, Vanguardia del Pueblo, que lo invitó a un acto en el hotel Lina, donde el ahora mandatario por tercera vez narró su experiencia con Bosch en el semanario.
Narraba Leonel que Bosch no permitía en el periódico que se usara el término “Imperialismo Yanqui”, como decían los izquierdistas, sino Gobierno de Estados Unidos. Contaba que Bosch le decía: “Nunca adjetive, nunca califique, nunca diga fulano de tal es un vulgar ladrón. Presente los hechos de manera tal que al final el lector diga fulano sí es un ladrón”.
Eran los términos que utilizaban los izquierdistas, de los cuales se arrepintieron, como un peledeísta llamado José Zaya, seguidor de Norge Botello hasta la muerte, que al llegar a Nueva York por primera vez y sentir y aire y ver los edificios proclamó: “Yo si estaba equivocado”.
Bosch escribió que el amor a la patria es un enigma, porque así como los norteamericanos aman sus rascacielos, los africanos aman sus selvas, pero calificar la presencia de EEUU en Haití como una invasión es volver al dogmatismo que impidió que la izquierda fuera natural.
Rafael Grullón es periodista
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