Como ciudadano dominicano, donde el pasatiempo tradicional es el béisbol, soy fanático de este deporte aquí y donde quiera que se juegue.
Sigo el desempeño de los dominicanos en Grandes Ligas, México, Japón, Italia, Corea, Holanda, Colombia, Panamá, Puerto Rico, y Venezuela.
También están jugadores nuestros en las llamadas ligas independientes, donde ganan un dinerito y si tienen suerte consiguen empleos para otras ligas.
Como fanático, soy de aquellos que condenan la violencia y las faltas en el terreno; valoro el comportamiento sencillo, humilde y pacífico de jugadores como Albert Pujols, Plácido Polanco, para sólo citar dos.
Condeno las injusticias de los árbitros y la indisciplina de jugadores, como el señor José Offerman, manager de los Tigres del Licey, contra el árbitro Jason Bradley, en el último juego del Round Robin, contra los Gigantes del Cibao.
Quienes estábamos en casa frente a los televisores nos quedamos pasmados cuando este señor le dio una trompada en el rostro al árbitro de primera que fue en auxilio del principal con quien Offerman discutía por la expulsión de su cátcher, Ronny Paulino.
El árbitro, autoridad que debe ser respetada en el terreno de juego, estaba con los brazos cruzados cuando el manager del Licey le da la trompada, lo manda al suelo y luego se abalanza contra él como para rematarlo, en una evidente acción de ira.
Una persona así, con esos instintos agresivos, no puede ser manager en ninguna liga. Estamos hablando del mismo que en el 2007 agredió con un bate a un cátcher, al que dejó con lesiones permanentes en la cabeza.
Había que ver a los propios compañeros del señor Offerman, haciendo gestos de reproche por la acción de quien debía poner el ejemplo por su condición de dirigente.
He visto mucho béisbol en mi país, y salvo el incidente aquel de Pedro Gonzalez, segunda base del Licey, quien cargó al árbitro de segunda Adriano de la Cruz y lo tiró al suelo, no había visto algo parecido.
La Liga de Beisbol Dominicana ha hecho bien expulsándolo de por vida, el Licey debe hacer lo mismo y el béisbol organizado está obligado a cerrarle las puertas a una persona con ese comportamiento.
Y el señor Offerman debe hacer lo recomendado por la corte de Estados Unidos que lo condenó por la agresión al cátcher Joe Nathans en el 2007, de someterse a un tratamiento para mejorar su temperamento, porque él es un peligro público.
Daniel Garcia Archibald es periodista
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