Hace mucho tiempo, cuando la solidaridad era una cuestión proverbial y el particularismo era casi inexistente, entre los vecinos de muchas barriadas dominicanas se practicaba la hermosa costumbre de intercambiar comidas.
Se trataba no solo de una cosa bonita sino de un asunto sumamente encomiable y en ocasiones hasta humanitario, ya que permitía comer a aquellos vecinos que por alguna circunstancia carecían del sustento.
Esta era una costumbre arraigada hace mucho tiempo, muy especialmente en los barrios más pobres de nuestra capital, en barrios y callejones y en el campo.
Ahora mismo, con la delicada y trágica situación que impera en la vecina Haití, el presidente Leonel Fernández ha vuelto a poner en vigencia esa perdida tradición para que sea rescatada como un símbolo vivo del sentido de solidaridad cristiana que debe animar a todas las familias del país. A este respecto hay que reconocer también el dicho popular de que “hoy por ti, mañana por mí”, porque en este mundo nadie está exento de una eventual calamidad, aun aquellos que se creen dueños de la dicha y de la fortuna.
Cientos de miles de platos calientes del fogón dominicano han llegado a los hambrientos estómagos de los haitianos, gracias a una asignación especial de recursos que hizo el Gobierno a los Comedores Económicos.
Además de la contribución oficial, de vecino a vecino, centenares de dominicanos han contribuido también a llevar alimentos a sus hermanos haitianos, abatidos por la peor tragedia de su historia, debido a un terremoto que solo en Puerto Príncipe dejó un balance de 150,000 muertos.
De vecino a vecino, el presidente Leonel Fernández ha remitido comida, medicinas, frazadas, pero sobre todo aliento, esperanza para un pueblo que hoy se debate en la más desgarrante situación, mirando a su alrededor únicamente desolación, miseria, destrucción y un gran miedo a que la tierra vuelva a estremecerse debajo de sus pies.
Esa política del buen vecino, no hay dudas, ha colocado a los dominicanos, dirigidos juiciosamente por el presidente Fernández, en una posición extraordinaria con una renovada sensibilidad humana de los que vivimos en este lado de la isla. Aunque esta solidaridad se ha intensificado a raíz del desastre, no debe desvanecerse con el paso de los meses, porque la recuperación en Haití será gradual y tomará mucho tiempo.
Nuestro gobernante ha tenido un gesto de ayuda encomiable. Gracias señor Presidente por ir en auxilio de los haitianos.
Rafael Corporán de los Santos es productor de televisión
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