“PAI, Nov1, 2…- Sucedió un día como otro cualquiera, en el que todos celebraron que ya no había minería en el mundo… sin embargo, hoy, 11 meses después, comenzamos a ser más desdichados… No hay energía eléctrica, pues las reservas mundiales almacenadas de carbón se agotaron, las de petróleo se están agotando.
En muchos países se ha agotado la gasolina y el gasoil… la comida no llega con la agilidad y rapidez anterior, y no existen suficientes mulos y burros para transportarla de un pueblo a otro… debido a la falta de productos químicos, muchas de nuestras aguas se han contaminado… tenemos energía solar, pero desgraciadamente es muy limitada, no permite que se pueda aprovechar para muchas cosas o para mucha gente… muchas de las computadoras no funcionan por falta de repuestos; algunas por falta de un simple cable de cobre, estamos tratando de conseguir uno hecho con material reciclado, pero la demanda es enorme y el precio impagable… la contaminación se ha extendido por todo el planeta, –según rumores, pues no podemos tener acceso a la televisión o la radio– …esto es un caos total… muchos han vuelto a la montaña, pero al no tener gas, ni estufa, están deforestando para producir carbón… Creo que lo que habíamos logrado, se ha ido a pique por nuestra poca comprensión… Tal vez la solución ha sido extremista, tal vez la minería era el pilar de nuestra sociedad y nunca han querido darse cuenta…ahora quisiera que hubiesen sido menos extremistas, más objetivos y que entendieran su equivocación…”.
Esta es una breve narración, que bien pudiera situarse dentro del futuro lejano o cercano, pero con el mismo resultado. A veces, anteponemos la subjetividad y el apasionamiento a la objetividad.
Nos olvidamos que un verdadero desarrollo necesita conservar el ambiente, pero también necesita que los recursos se exploten de manera racional e inteligente.
De otra forma, en vez de avanzar por el largo camino al desarrollo, iríamos al colapso social. Debemos entonces reflexionar profundamente sobre el desarrollo y ambiente y hacernos de manera sincera y honesta las siguientes preguntas: ¿Cuál sería nuestro futuro común sin minería? ¿Es la industria minera una industria para dañar el ambiente o para producir toda la materia prima que el mundo consume? ¿Qué estamos haciendo como consumidores para contribuir con el equilibrio del ambiente? ¿Cómo influye la industria minera en nuestra vida diaria?, y finalmente, ¿puede haber un futuro de prosperidad, con equidad social en donde la minería y la conservación de los recursos naturales jueguen un papel protagónico?
Marco Pérez es ingeniero geólogo
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