Este es un concepto relativamente nuevo presentado en 1965 por el norteamericano Edmund Guillon, decano de la Fletcher School of Law and Diplomacy.
Se demuestra que la diplomacia moderna es mucho más efectiva a través del contacto directo con el ámbito no público, es decir, con la sociedad civil del país receptor.
Para llevarlo a práctica, es imprescindible que el Jefe de una Misión Diplomática posea cualidades de ‘entrepreneur’, de facilitador, conocedor del ‘country branding’, de la más fina ética profesional, con interés particular en incentivar proyectos de Diplomacia Cultural, vanguardia de la Diplomacia Pública.
Es además una nueva visión que nos permite aprovechar las ventajas de la tecnología de la información y comunicación. Así, muchas embajadas han comenzado a subir sus informes en la Internet, a publicar sus logros, agendas y noticias relevantes, a promover su turismo receptivo, a crear gestión de proyectos en línea (Web based Project management), o subir museos y exposiciones virtuales.
El siguiente enlace muestra un informe reciente en formato PDF de un destacado embajador, abogado y catedrático universitario.
http://www.drembassy.org/newsletters/eneromarzo2009/InformeFinal-LA%20pdf.pdf
La Diplomacia Pública es precisamente la estrategia, el arte de introducir a un pueblo, su cultura, su música, sus productos de exportación, de proyectar ‘sa politique exterieure’, las oportunidades de inversión que ofrece, influenciando positivamente ‘the hearts and minds of foreign audiences overseas”, como nos muestra el Departamento de Estado en Washington D.C.
Este es un elemento naciente que difiere considerablemente de la definición clásica, parcialmente obsoleta, del “arte de negociar entre los Estados” definido por Sir Harold Nicolson.
Por ello, los agentes diplomáticos contemporáneos exitosos no son necesariamente los denominados ‘de carrera’, pues ha quedado demostrado que el tiempo y el lugar en el ejercicio de una carrera no son ‘per se’ garantías absolutas de eficacia laboral.
En la era de globalización, el diplomático más que efectivo, es eficiente, logra más con menos al estilo británico, posee desde múltiples cualidades hasta especialidades específicas, una sólida educación familiar, tiene dotes innatas, maneja excepcionalmente las relaciones públicas, practica la innovación y la creatividad, la gestión horizontal, los métodos modernos de administración pública, aplica el sentido común, es dueño de finos usos y buenas costumbres, es humano, flexible, justo consigo mismo y los demás, en fin, un eterno luchador por mejorar la imagen del Estado que representa, dando el ejemplo desde su propia legación diplomática.
Eugenio Matos Gómez es ministro consejero en La Haya, Holanda
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