Antes, en las fiestas navideñas se compartía en familia, los compadres, los vecinos y amigos.
No se acostumbraba comprar la cena hecha en restaurantes o supermercados, tampoco había negocios de esta naturaleza que la vendieran, solo el puerco asado, era mucho el trabajo, también muchas manos ayudaban, la cena era todo un placer degustar, alabando al Niño Jesús, los adultos tomando sus “traguitos”, las mujeres su ponche, niños y muchos adultos también explotando los “cohetes o montantes” durante la noche.
Los “torpedos” venían en atados de dos filas verticales con mechitas afuera envueltos en papel con un gallo rojo pintado que al prenderse iban encendiendo de uno en uno estallando y brillando; también había buscapiés, volcanes y velas romanas.
Venían de la China, eran baratos y fáciles de conseguir, se vendían en los colmados, no quemaban, ni partían manos y brazos, eran el brillo esplendoroso de la Navidad, los cuales, arrobados los niños, contemplábamos.
Se bailaba y cantaba al son de merengues y baladas “Alabado sea, alabado sea el niño Jesús”; al amanecer, la felicidad al encontrar los juguetes que nos había “dejado” el niño Jesús invadía todo el hogar y desbordaba la casa, en total alegría e inocencia.
En ese tiempo nos enterábamos de quienes eran realmente los Reyes Magos ya un poco grandecitos, la bella inocencia se mantenía hasta los 7 u 8 años de edad, en que algún “avispado” amiguito lo revelaba, rompiendo el mágico hechizo.
También íbamos a misa del Gallo (12 de la noche), bella y especial liturgia conmemorativa del nacimiento del niño Jesús, disfrutábamos con “a las arandelas chinitas, a las arandelas de mi corazón”; El Martiniqueño, sabroso merengue con la orquesta San José y Pipí Franco; Navidad, Navidad, ya llegó la Navidad, de Félix del Rosario y más reciente el emblemático “llegó Juanita” y dijo que no volvía… con Milly, Joselyn y Los Vecinos.
Pero ya hoy sólo quedan los recuerdos y cambio en las costumbres, nada es igual, muchas familias Dominicanas se van al extranjero a celebrarlas, por eso las llamé “Navidades en contumacia”; sin embargo, los dominicanos sabemos gozar nuestras navidades como en pocos países (amigos extranjeros así lo aseguran), ojalá se volviera a retomar nuestra vieja costumbre de permanecer aquí y mantener como sagradas, estas celebraciones que contribuyen a la unión de la familia, para que nuestras tradiciones permanezcan y se fortalezcan.
En la medida que nos alejemos de nuestras costumbres y raíces que son parte de nuestra cultura, en esa misma medida nos iremos desintegrando como sociedad y como pueblo.
Ligia García es abogada
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