(Yo Estaba en la Basílica de San Pedro la Noche del 24) Mantilla puesta. De la mano, mis tres hijas. Antes de ingresar al templo cae una llovizna como bendición del Cielo sobre San Pedro.
La Basílica vaticana se encuentra con todos sus asientos ocupados a la espera puntual de las 10 de la noche.
Las naciones del mundo representadas allí, razas y lenguas entremezcladas con un mismo espíritu ante la gran cruz que forman las naves que extienden sus brazos por los cuatro puntos cardinales a los pies de la tumba del apóstol Pedro.
El coro entona sus primeras notas. Todos de pie. La Iglesia adulta entra en procesión con solemnidad.
En segundos, un fuerte y breve murmullo. Una sensación inusual embarga. Voces inentendibles que advertían algo fuera de lo común. Ágil y discreta avanza la seguridad vaticana por el pasillo central.
Los feligreses de pie, en su sitio permanecen. La calma prevalece también.
Para muchos pasa inadvertido el acontecer. Las bien afinadas voces y notas musicales dejan de entonar ante la ocasión. Si nos dimos cuenta que algo pasó fue porque se hizo una bulla, todo el mundo se quedó en su sitio, pero se hizo un murmullo.
La seguridad corría discretamente. Al momento, inmediamente despues de la confusión, todo siguió como si nada. La gente lo aclamaba como siempre al entrar, y ¡viva el Papa! y aplausos ... como siempre. La Misa transcurrió normalmente. El Santo Padre pasa por el frente de nosotros y nos bendice ¡a Todos!
El intento de ataque ya había pasado. Y el papa Benedicto XVI, sereno y digno como siempre.
Vi que luego informaba alguien de la seguridad discretamente a un diplomático de lo acontecido.
Transcurre un brevísimo tiempo. La procesión continúa con la misma ecuanimidad y solemnidad de siempre.
Y así una santa y esperada misa por la “Solennità del Natale del Signore” plena de Dios celebrada por el santo padre Benedicto XVI, en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.
Papa en pie. Palabra. Eucaristía. Solemnidad. Santo Espíritu. Bendición. Muchos entendieron después lo que aconteció, otros al salir por discretos comentarios.
Su Santidad en todo momento de la misa mostró energía al sentarse, caminar y hablar. Todo transcurrió tranquilamente y normal toda la noche.
Una preciosa celebración en esta fecha especial como regalo para mí y mis hijas. Pero sobre todo sabernos testigos fieles de la energía y paz que irradiaba Su Santidad en el transcurso de aquella noche cuando gozosa nuestra Iglesia celebra el nacimiento del Niñito Jesús, aún la situación que le tocó vivir al comienzo de dicha actividad. Ésta es mi Iglesia, en la que creo.
Puesta en pie a pesar de las dificultades. Apoyada en la cruz, la Iglesia -junto a este ejemplo de Su Santidad ante una caída aunque sea provocada por otros- nos invita, cuando caemos, a levantarnos.
Así es nuestra Iglesia católica, que muestra su energía y fortaleza en el Espíritu ante el mundo, en la actualidad. Muestra también su capacidad de perdón y de seguir adelante. A esto nos llama la fe.
Es el Espíritu Santo quien sostiene nuestra Iglesia, a nuestro santo padre Benedicto XVI. Seguimos hacia adelante, como lo demostró la cabeza de nuestra Iglesia la noche del 24 de diciembre de 2009, por gracia de nuestro Señor Dios.
¡Viva el Papa! ¡Qué viva!
Rita De Moya de Grimaldi es escritora y articulista
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