La actual crisis económica podría arrastrar mundialmente a unos 90 millones de personas a la pobreza, incluyendo 8 millones en América Latina y el Caribe.
Políticas macroeconómicas más sólidas y sectores financieros más robustos que en crisis anteriores están permitiendo a la región afrontarla mejor.
No obstante, los efectos socioeconómicos de la crisis aún son graves, especialmente en cuanto al aumento del desempleo y la creciente falta de financiamiento.
Para enfrentar estos efectos es necesario reforzar los flujos financieros y usar más eficazmente estos recursos. En el pasado, volúmenes similares de gasto han producido resultados muy diversos en términos de desarrollo.
Recientemente, examinando acciones de los países en crisis previas (incluyendo varios de la región), el Grupo de Evaluación Independiente del Grupo del Banco Mundial resaltó factores cuantitativos y cualitativos que caracterizarían una respuesta eficaz a la crisis.
En primer lugar, los flujos financieros deben ser adecuados y oportunos, especialmente ante la creciente brecha fiscal. Al respecto, durante esta crisis los flujos provenientes de fuentes multilaterales para atender necesidades de los países han alcanzado máximos históricos. Pero aquí es esencial reconocer que una recuperación sostenida depende no solo del volumen de gasto sino también de su calidad y estructuración.
Dentro del Grupo del Banco Mundial (GBM), los compromisos de este año del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (con países de ingreso mediano) se triplicaron, alcanzando US$33,000 millones; mientras que los de la Asociación Internacional de Fomento (para países de ingreso bajo) aumentaron 25%, alcanzando US$14,000 millones.
Un 30% del incremento del Banco fue para Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú. Por su parte, la Corporación Financiera Internacional (IFC, dedicada al sector privado) invirtió US$10,500 millones en 2009 y ha centrado su respuesta a la crisis en fortalecer el sector financiero y facilitar el comercio.
Algunos ejemplos son el nuevo Fondo de Capitalización de la IFC que realizó sus primeras inversiones en un banco clave para el sistema bancario paraguayo; las plataformas comerciales de la IFC, que ayudan a bancos de República Dominicana y Centroamérica, México y Sudamérica a mantener sus líneas para comercio; y las inversiones en infraestructura y el respaldo a las pymes y las microempresas.
Actualmente, el GBM gestiona un aumento de capital considerable, para continuar ayudando a enfrentar la desaceleración económica y, en particular, sus efectos sociales.
Empero, para mantener la recuperación económica, los flujos de capital privado también deben reforzarse.
Los destinados a países en desarrollo cayeron de US$1,200 miles de millones en 2007, a US$360 mil millones en 2009.
Es esencial revertir esta tendencia: los países más pobres enfrentan este año un déficit de financiamiento de US$12 mil millones y podrían no ser capaces de cubrir siquiera sus gastos sociales básicos.
En segundo lugar, las consecuencias macroeconómicas de la respuesta a la crisis, en especial los crecientes déficits fiscales, deben manejarse correctamente. Se estima que en el G-20 de economías emergentes el déficit fiscal de 2009 será unos 5 puntos porcentuales del PIB mayor que en 2007.
Vinod Thomas es el director general del Grupo de Evaluación Independiente (IEG) y
Marvin Taylor-Dormond es director del IEG para la IFC, del Grupo del Banco Mundial.
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