Ahora que estamos en campaña porque quizás hay almas que salvar, sería bueno precisar algunos apuntes sobre el manejo de la comunicación política, aquella ciencia que habla de los mensajes dirigidos a públicos específicos a través de medios específicos.
Los partidos han estado en campaña interna. Precandidatos a senadores, diputados, síndicos y regidores andan en busca de ganarse el favor del voto de los miembros de sus respectivas organizaciones, con lo cual aplican estrategias para llegar a esos votantes.
Lo primero que deben saber los precandidatos es que deben identificar a los públicos a los cuales deben dirigirse, asumiendo quizás uno de los métodos más efectivos y recurrentes de este tiempo, las encuestas. Una vez identificado el público con las características de cada uno, dar los próximos pasos.
La elaboración del contenido de los mensajes es la segunda fase en la dirección de la comunicación política que debemos elaborar, una vez que, identificados los públicos, se lleven las ofertas pertinentes con el lenguaje adecuado.
Es vital identificar el público pues de ello depende el tipo de mensajes que se emite y los medios que se utilizan. Dice Jaime Durán Barba, consultor de comunicación para gobernantes en Estados Unidos y varios países latinoamericanos, que “el mensaje y los grupos específicos cambian de acuerdo a lo que dicen las investigaciones, como cambian también los medios a través de los cuales buscamos comunicarnos con esos targets”.
Múltiples herramientas están a la mano para dirigir los mensajes de campaña: publicidad, volantes, vallas, afiches, boletines, redes sociales y hojas sueltas.
Para la difusión debe tenerse en cuenta los medios identificados según el tipo de público al que se dirige el precandidato: si es entre jóvenes de la capital y Santiago, por ejemplo, con acceso a la Internet, redes sociales y otras herramientas tecnológicas, los mensajes se difundan a través de las tecnologías de la información.
Un grave error comete un candidato que se dirige, por ejemplo, a una población joven con escaso acceso a la Internet, enclavado en zonas rurales, y basa su campaña en las redes sociales; lo mismo, comete error si se dirige a un público analfabeto y lo satura con periódicos y boletines. Sus votantes ni se van a enterar de su oferta electoral.
Los precandidatos deben poner en la percepción de sus públicos lo que le dicen sus anillos: que están bien, que no les gana nadie o que hacen un mejor gobierno, gestión legislativa o municipal. Puede ser así, pero si no lo difunde, nadie se entera.
¿Cómo lo difunde? A través de boletines, revistas, rendición de cuentas, publicidad de radio, tv y periódicos y el envío de cartas a autoridades y a organizaciones estratégicas.
Pedro Ángel Martínez es periodista
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