Me ha extrañado más la repercusión mediática que ha tenido la huida de la prófuga Sobeida Félix Morel en los medios de comunicación y en la sociedad que el mismo caso en sí, del delito que se le imputa.
Una repercusión a todas luces inoperante y sin sentido, porque cuántas veces este tipo de casos no ha sucedido antes. Sobeida hizo lo que cualquier ser humano hubiese hecho, salir corriendo despavorida al minuto de salir de prisión.
Esa señorita ya estaba muy lejos del país en el momento en que las “diligentes” autoridades pertinentes en este caso, se dieron cuenta de que ya no estaba donde supuestamente tenía que estar.
Las personas vinculadas al negocio del narcotráfico para este tipo de “escapes” tienen bien amarrados sus contactos, artimañas y compra de conductas a fines de ejecutar la acción.
Al saberse de la desaparición de Sobeida, todos comenzaron a rasgarse las vestiduras al hablar de este caso, que llamó poderosamente la atención cuando fue descubierto, a pesar de que las autoridades no han sabido ni sabrán responder por ello.
¿Qué ha pasado con los 4.5 millones?
Los únicos responsables de la huida de Sobeida y de su “amigo” son las autoridades responsables del caso y el penoso Código Penal que tenemos. ¿De qué manera se justifica su liberación? No hay justificaciones de valor, de peso.
Sencillamente, el poder Judicial de este país está por el suelo, se irrespeta, se incumple la ley, se burla a la sociedad y se beneficia a los delincuentes a cualquier precio.
Urge, y lo he dicho en anteriores ocasiones, un cambio radical del código penal no solamente para estos tipos de casos sino también para los hechos en que están involucrados menores de edad.
Los jueces en activo tienen que entender que los actos delictivos hay que condenarlos inmediatamente y que los delincuentes paguen por sus malas acciones, sin pausas y sin mano suave.
Este polémico caso, como muchos otros que ocurrirán dan una señal de lo débil que es nuestro Estado, de las condiciones paupérrimas en que está nuestro sistema judicial y de lo compradas que están las autoridades que tienen el deber de hacer cumplir las normas.
Porque nadie se cree que Sobeida, al igual que su amigo, no han tenido la ayuda de ciertas autoridades para salir del país.
Una prueba más de que el narcotráfico se está comiendo a este país poquito a poco.
No se extrañe nadie que tanta atención acaparada en este caso de Sobeida, no sea más bien, un juego para distraer la atención de los ciudadanos de los verdaderos problemas que tiene este país.
Dunia de Windt es periodista
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