Cuando la locomotora -que pasó a ser de tren a subway en Nueva York, y a metro en Europa- penetró la naturaleza de las extensas llanuras de Norteamérica, los apaches bautizaron el aparato como El Caballo de Hierro.
Siglos antes, los nativos de nuestra tierra, menos avanzados que los apaches, cuando vieron al hombre montado a caballos, creían que se trataba de una misma cosa, el humano y la bestia.
Un fenómeno que ha llegado a nuestra época es la comunicación a través del computador, cuyo ícono de masas el hombre le ha puesto el mismo nombre que lo que hacía llegar las cartas: el correo, e-mail en inglés, imaelito en España para proteger el idioma y correo electrónico para todo el mundo de habla hispana.
No nos explicamos por qué a la Real Academia Española de la Lengua se le hace tan difícil aceptar los nuevos términos que todo el mundo habla, si está demostrado que el hombre ha quedado corto en ponerles nombres a las nuevas realidades.
Y el agravante mayor consiste en que el ser humano no llega a entender los nuevos fenómenos ni las nuevas realidades hasta que no las reúne en un nuevo concepto, en un nuevo término.
De ahí que el hombre del campo haya recurrido a la metáfora, como los apaches, para entender el árbol de la vida que, como decía el poeta, siempre es joven.
Rafael Alberto Pérez define la comunicación como el factor social y el hecho público más importante en la segunda mitad del siglo XX y que será un sector social económica y políticamente dominante en las sociedades del siglo XXI.
Ella, la comunicación, dice, abarca las industrias culturales clásicas, el negocio de la televisión, los medios de comunicación, transmisión de datos, alquileres de circuitos, la difusión de señales audiovisuales, la Internet y el cable.
A pesar de que la inversión en comunicación era la única que se le acercaba al sector eléctrico en el año 2000 en España, el autor del libro Estrategias de comunicación, un verdadero compendio de cómo ha avanzado este fenómeno, calificaba de inconcebible que las sociedades continúen explicándose sin mencionar la comunicación, ni los medios, ni el mercado de masas.
La comunicación se encuentra a donde lo previó García Márquez en Cien años de soledad, cuando decía que llegaría el tiempo en que el hombre se comunicaría con el mundo sin salir de su cuarto, pero como los apaches y la locomotora, no se le ha puesto su verdadero nombre para definir su importancia en el mundo y en el seno de las instituciones.
Rafael Grullón es periodista
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