Hace algún tiempo, en una gestión de genuina preocupación, el presidente Leonel Fernández convocó a su Despacho, a los principales jefes militares y policiales, y a los más importantes miembros del Ministerio Público, alarmado –según se dijo- por la burla que significó la desaparición de la señora Sobeida Félix, implicada en el hallazgo, en el parqueo de una residencia, en esta capital, de 4.3 millones de dólares, que se ha relacionado con el lavado de dinero en el país.
Ese llamado del Presidente, más que por la fuga de Sobeida, probablemente, haya tenido que ver con el permanente accionar de la delincuencia, en todas sus facetas, que tanta preocupación está causando en el país.
La República Dominicana es una nación en paz, con un alto grado de desarrollo, pese a las dificultades, y ello ha sido posible gracias a las inversiones que llegan a diario a todo el territorio nacional, como consecuencia del clima que aquí vivimos, donde predomina el respeto a la ley y las instituciones.
La molestia expresada por el jefe de Estado ha sido el ambiente que predomina en todos los hogares sensatos del país, lo que significa la enorme mayoría.
Ese interés del presidente en lo de Sobeida es una demostración de alarma expresada de manera clara y directa a quienes tienen la gran responsabilidad de dirigir las acciones contra la delincuencia.
Cómo se puede tener control de acciones increíbles hace pocos años, cuando vivimos la acción de una estudiante de Hato Mayor, que intentó matar su maestra dándole a tomar un veneno, y en esa misma provincia del Este, una niña de menos de diez años dio a tomar tres pasitos a sus padres, molesta porque la habían regañado por tener un comportamiento inadecuado en el centro educativo donde estudiaba en la comunidad del oriente nacional.
Comenzando por los propios padres en el hogar, ese llamado del presidente, expresado en esa reunión que llamó la atención de todos, debemos unirnos para que sea la paz el signo que marque el transitar de nuestras huellas por el país.
Respaldemos a Leonel, para que la delincuencia no nos arrope, y unamos nuestras fuerzas y esfuerzos en un trabajo patriótico, muy especialmente en ésta hermosa época del año que es la Navidad.
Convirtámonos en guardianes vigilantes de esta propiedad de 48,442 mil kilómetros cuadrados que es la República.
No es cuestión de política, ni de simpatías políticas, porque el gran partido al que todos pertenecemos, que tiene los colores azul, rojo y blanco, que muestra orgulloso en su centro el escudo nacional, es lo que nos ha identificado como nación, y es lo único que tenemos que defender por encima de todos y de todo.
Rafael Corporán de los Santos es productor de televisión
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